Lima decide: ¿resucita el antifujimorismo o define la segunda vuelta?

Lima decide: ¿resucita el antifujimorismo o define la segunda vuelta?

La segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez se perfila como uno de los desenlaces más claros de esta extensa jornada electoral 2026 y, al mismo tiempo, reconfigura un escenario similar al de 2021 que estuvo marcado por la confrontación entre derecha e izquierda. Sin embargo, más allá de esta polarización clásica, el verdadero eje de la contienda ya no pasa únicamente por quién tiene más votos, sino por quién logra activar o neutralizar el antifujimorismo, especialmente en la ciudadanía limeña que el día de hoy sería un factor decisivo para definir a nuestro próximo presidente. Esto cobra mayor relevancia si se considera que la primera vuelta dejó un panorama fragmentado con Fujimori liderando con alrededor del 17% y Sánchez superando ligeramente el 12%, lo que evidencia un electorado disperso sin mayorías claras y abierto a reconfigurarse en función de dinámicas más complejas que la simple suma de apoyos.

Además, la distribución territorial del voto refuerza la idea de que Lima será decisiva en esta segunda vuelta. Mientras Sánchez ha concentrado un respaldo más sólido en la sierra sur y en zonas rurales, replicando en menor escala el patrón geográfico que tuvo Pedro Castillo, la candidata Fujimori ha mantenido una base más consistente en Lima y en otras áreas urbanas del país. Esta diferenciación no solo evidencia un país políticamente fragmentado, sino que coloca a la capital en una posición estratégica, ya que al ser el mayor bolsón electoral y el espacio donde el antifujimorismo ha tenido históricamente mayor capacidad de articulación, cualquier reconfiguración de ese voto, sea por su reactivación o por su debilitamiento, puede inclinar la balanza final. En ese sentido, más que una disputa territorial equilibrada, la elección se perfila como una definición en la que Lima por su particularidad con el compartimiento antifujimorista podría terminar resolviendo el desenlace nacional. En ese marco, surge una pregunta clave ¿Estamos ante una reactivación del antifujimorismo limeño o frente a su debilitamiento como fuerza capaz de definir elecciones?

En una entrevista a Francisco Tudela, el ex canciller del Perú mencionó que el antifujimorismo ha sido históricamente el principal organizador del voto en el país en las últimas elecciones. Desde su perspectiva, el antifujimorismo no es una simple postura ideológica, sino un reflejo emocional que convirtió las elecciones pasadas en decisiones de rechazo antes que de adhesión o, inclusive, podríamos inferir el caso de un voto racional en base a las propuestas programáticas. Su tesis sugiere que este “antivoto” fue capaz de articular mayorías negativas y definir resultados. Sin embargo, en el contexto actual, plantea que dicho fenómeno estaría perdiendo fuerza, lo que abriría la posibilidad de que el electorado limeño deje de votar contra alguien y empiece a hacerlo en función de estabilidad o gobernabilidad. A ello se suma su interpretación de que el antifujimorismo ha sido impulsado por sectores de izquierda bajo una lógica de confrontación. No obstante, su debilitamiento respondería al fracaso de estas propuestas en la práctica, especialmente en el gobierno de Pedro Castillo, lo que ha reducido su capacidad de movilización.

Por su parte, Alberto Vergara coincide en el debilitamiento del antifujimorismo, pero lo explica desde una ruptura política concreta más que desde un cambio cultural. Para el politólogo, la candidatura de Sánchez, asociada al legado de Castillo, no solo dificulta la rearticulación de ese bloque, sino que evidencia la fractura de la colación antifujimorista que en elecciones anteriores lograba unir a sectores de izquierda, centro y liberales. La experiencia del gobierno de Pedro Castillo habría erosionado ese frente al generar desconfianza incluso entre quienes antes se oponían al fujimorismo, debilitando su capacidad de actuar de manera coordinada. En ese sentido, Vergara sugiere que el antifujimorismo persiste, pero ya no como una fuerza estructurada capaz de ordenar el voto, sino como un conjunto disperso de posiciones que difícilmente podrán recomponerse en el corto plazo, lo que reduce su peso como factor decisivo en la segunda vuelta. Esto coincide con la idea de Vergara: el antifujimorismo existe, pero ya no es un bloque cohesionado.

Por otro lado, la propia configuración de esta segunda vuelta coloca al antifujimorismo limeño en el centro de la definición electoral. Ya no se trata de un voto automático de rechazo, sino de un electorado que enfrenta un dilema estratégico: activar nuevamente ese reflejo antifujimorista o replegarlo ante una alternativa (la de Roberto Sánchez) asociada a un ciclo político reciente percibido como fallida y con cuestionamiento como congresista de la República. En términos de comportamiento electoral, esto implica que el votante limeño deja de responder a una lógica identitaria clara y entra en una fase de evaluación más compleja donde se cruzan la memoria política, la percepción de riesgo y el cálculo de gobernabilidad. Así el antifujimorismo pierde su carácter de bloque cohesionado y pasa a ser un voto contingente, cuya activación depende de cuánto pese el rechazo histórico frente al temor a repetir experiencias recientes. En Lima, donde este voto ha tenido mayor densidad y capacidad de articulación, esa indecisión no es menor donde se definirá si el electorado vuelve a ordenarse en torno al rechazo o si se fragmenta, por lo que, se alteraría completamente la dinámica electoral.

En definitiva, el desenlace de la segunda vuelta dependerá directamente de hacia dónde decante ese antifujimorismo limeño. Si logra recomponerse, incluso de manera parcial, tendrá la capacidad de inclinar la balanza hacia Roberto Sánchez, lo que conlleva a replicar patrones electorales anteriores. Pero si permanece fragmentado o debilitado, perderá su rol histórico como factor decisivo, por lo que, abre camino para una victoria de Keiko Fujimori. Así, más que los votos obtenidos en primera vuelta, será la conducta del antifujimorismo limeño lo que termine, probablemente, definiendo al próximo presidente del Perú.

Referencia bibliográfica

Cifuentes, C. (2026, abril 18). Alberto Vergara, analista peruano: “El antifujimorismo está muy debilitado, porque la presidencia de Castillo lo erosionó”. La Tercera. https://www.latercera.com/mundo/noticia/alberto-vergara-paniagua-analista-peruano-el-antifujimorismo-esta-muy-debilitado-porque-la-presidencia-de-castillo-lo-erosiono/

Diálogos del Montonero. (2024, octubre 9). Fracaso de la ONPE y el antifujimorismo en las elecciones. https://www.youtube.com/watch?v=uy_Yl4y7dIM

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