Para entender el verdadero escenario electoral, hay que mirar más allá de la superficie. El conteo para el Legislativo avanza lentamente, mientras que la carrera presidencial está ya casi concluida con un recuento oficial de la ONPE que sobrepasa el 91.55%. Las actuales proyecciones que dibujan el primer Parlamento bicameral del país, como las de la plataforma Dapper, están basadas en apenas un 39.17% de actas procesadas. En la práctica, esto significa que estamos viendo una foto urbana, dominada por Lima y las capitales de región con mejor conectividad, y que el mapa de poder aún tiene margen para sufrir un cambio total cuando ingrese el voto del «Perú profundo».
El Senado: El choque entre el Distrito Único y las Regiones
Para la cámara alta, compuesta por 60 escaños, la proyección adelantada ubica a Fuerza Popular en la cima con 21 curules, seguida por la gran sorpresa de Juntos por el Perú con 13. Pero dar este resultado como definitivo es desconocer las reglas del juego. El Senado se elige de forma mixta: 30 senadores entran por una bolsa nacional de votos, donde la tendencia urbana suele mantenerse firme, pero los otros 30 se pelean a muerte región por región (uno por cada departamento, salvo Lima). A medida que la ONPE empiece a contabilizar las actas de las zonas rurales y de la sierra sur, donde el voto de izquierda y la herencia castillista son abrumadores, esas 30 sillas regionales podrían reconfigurar drásticamente el peso de Fuerza Popular frente a Juntos por el Perú.
La Cámara de Diputados
Si el Senado puede moverse, la Cámara de Diputados puede dar un vuelco total. Aquí no hay bolsa nacional; los 130 escaños dependen al 100% de las 27 circunscripciones electorales. El conteo urbano al 39% le da hoy 40 diputados al fujimorismo y 34 a Juntos por el Perú. Incluso resalta el fenómeno de Harvey Colchado, por la lista de Ahora Nación, como el virtual diputado más votado a nivel nacional desde Lima. Pero, ojo, la verdadera batalla por el control de esta cámara joven está en los bolsones de Piura, La Libertad, Puno y Cusco. Cuando el aluvión de votos rurales aterrice en el sistema de cifra repartidora, la estrecha diferencia de seis escaños entre el primer y segundo lugar podría desaparecer o incluso voltearse.
Distribución de escaños y el sistema D’Hondt
La asignación definitiva de las curules está regida por la valla electoral del 5% y el método D’Hondt, conocido como «cifra repartidora». Bajo este sistema de representación proporcional, las agrupaciones deben superar primero el umbral mínimo de votos válidos a nivel nacional para tener derecho a representación; una vez cumplido este requisito, se aplica una fórmula matemática que divide la votación de cada lista entre divisores sucesivos (1, 2, 3, etc.) según el número de escaños en disputa por región, asignando los puestos a los cocientes más altos. Dado que este cálculo depende estrictamente del volumen total de actas contabilizadas, el procesamiento de los votos en zonas rurales y provincias alejadas, que suele integrarse en las etapas finales del escrutinio, tiene el potencial técnico de alterar los promedios actuales y redistribuir los escaños. Por ello, hasta que el conteo oficial no supere el 80%, cualquier proyección sobre la composición final del Parlamento es preliminar y requiere esperar la consolidación de la voluntad de todas las regiones.